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Letra de Antonio Machado
Música de J.M. Serrat
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
PARTITURAS (links)
Versión 1, con las posiciones de la flauta
Versión 2, simple
VIDEOS
CAMARÓN, un gitano
BANDA MUNICIPAL Y CORO
J. MANUEL SERRAT Y FAGNER (Brasil) Con la primera parte cantada en portugués.
J. MANUEL SERRAT (SOLO)
ROCÍO JURADO
viernes, 17 de febrero de 2012
jueves, 16 de febrero de 2012
MILAGRO EUCARÍSTICO DE FLORENCIA
Testimonio del Padre Gian Paolo Faroni
testigo directo del Milagro Eucarístico
«TE AUTORIZAMOS DE ORDENAR A LOS SACERDOTES QUE TE SIGUEN DE DIFUNDIR COMO PUEDAN LAS NOTICIAS INHERENTES AL MILAGRO y esto también vale para el pueblo que nos sigue y que nos ama. EL PUEBLO CON CUALQUIER MEDIO Y CON TODO TIPO DE INICIATIVA ESTA AUTORIZADO POR NOSOTROS LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN INFORMAR A CADA HERMANO PARA QUE CADA UNO SEPA QUE ES AMADO TANTO POR DIOS QUE POR ESTAR AÚN MÁS CERCA Y VISIBLE A SUS HIJOS SE HA ANIQUILADO VERTIENDO PARA TODOS Y VISIBLEMENTE SANGRE DIVINA.» (Revelación del 23 de mayo del 2004 - Jesús]
testigo directo del Milagro Eucarístico
«TE AUTORIZAMOS DE ORDENAR A LOS SACERDOTES QUE TE SIGUEN DE DIFUNDIR COMO PUEDAN LAS NOTICIAS INHERENTES AL MILAGRO y esto también vale para el pueblo que nos sigue y que nos ama. EL PUEBLO CON CUALQUIER MEDIO Y CON TODO TIPO DE INICIATIVA ESTA AUTORIZADO POR NOSOTROS LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN INFORMAR A CADA HERMANO PARA QUE CADA UNO SEPA QUE ES AMADO TANTO POR DIOS QUE POR ESTAR AÚN MÁS CERCA Y VISIBLE A SUS HIJOS SE HA ANIQUILADO VERTIENDO PARA TODOS Y VISIBLEMENTE SANGRE DIVINA.» (Revelación del 23 de mayo del 2004 - Jesús]
Los anàlisis han permitido obtener los siguientes resultados:
- Se trata de SANGRE HUMANA MASCULINA
- El grupo sanguíneo es AB Rh+
- Es sangre del mismo tipo de aquella de Lanciano y del SANTO SUDARIO
- Han sido hechos todos los análisis posibles sobre el DNA
Yo Gian Paolo Faroni, Sacerdote de la congregaciòn Salesiana Don Bosco, declara que el dia viernes 23 de mayo del 2003, a la hora tres postmeridiana, en un “Encuentro de Oración” en provincia de Florencia - Italia, vi la Hostia contenida en el ostensorio que se ruborizó de sangre.
Estupefacto, caí de rodillas y fui invadido por una emoción profunda.
Tembloroso y sacudido por un llanto convulso,quedé con los ojos fijos sobre el milagro, en extática adoración hacia Jesús sangrante. Delante de mis ojos la hostia se ruborizaba cada ves más con la Sangre de Cristo. La hostia se presentó vestida de Sangre en su parte anterior y llena de sudor en la parte posterior. De la parte posterior caian dos vetas que descendian de lo alto en bajo. Tocando el vidrio del pequeño ostensorio pude constatar que estaba tibio, por el calor de la Sangre que salia copiosamente de la hostia. La partícula aparecia como una pieza de carne seccionada y encarcelada entre los dos vidrios del ostensorio; aquel posterior se presentó mojado de sangre, mientras aquella fachada resultó al mismo tiempo salpicada a causa del sudor. La luz hizo asemejar a aquellas gotas de sudor en tanto pequeños diamantes. De la parte opuesta la sangre dejó sobre el vidrio una huella al rojo vivo y con el pasar del tiempo fue acumulándose en la parte inferior de la vitrina formando una capa con forma elíptica. Muchos testigos estuvieron presentes sobre el lugar al momento de la constatación. Rápidamente, fueron informados los restantes miembros del grupo de oraciòn y en poco tiempo, unas treinta personas llegaron al lugar del Milagro Eucarístico, para ser de ello testigos presenciales. Ellos lo vieron, se arrodillaron y lo adoraron. Vieron con sus propios ojos el “Regalo” ofrecido por Dios a la pequeña comunidad y al mundo entero.
Yo Gian Paolo Faroni Sacerdote de la congregaciòn Salesiana Don Bosco declaro verdadero este extraordinario Milagro Eucaristico. La Santisima Trinidad y Maria Santisima explican a traves de las revelaciones dadas a Conchiglia que el Milagro ha sido concedido y donado para que se haga conocer como signo y como severa advertencia para todo el mundo.
martes, 14 de febrero de 2012
Alma de Cristo meditada
Meditación de la Oración
ALMA DE CRISTO, recomendada por San Ignacio, para el final de la oración
personal o en momentos de especial intensidad religiosa.
Alma de Cristo,
santifícame
Tú sabes mejor que yo a cuántos equívocos se presta hoy el nombre
mismo del alma. Entiendo por alma con la Biblia, la Iglesia y la tradición
cultural a la que pertenezco, esa otra dimensión fundante, invisible e inmortal
de mi ser, que anima y sostiene la vida de mi cuerpo, que con él me hace
persona, donde se asientan la inteligencia, la libertad, el amor y la dignidad
del hombre. De donde brotan también, por su cara obscura, el pecado y la
maldad, la abyección y la podredumbre moral.
Sobre mi alma, que soy yo mismo, sobre su desnudez indigente y
pecadora, derrama, ¡oh Cristo!, la gracia, la luz y la santidad de la tuya.
Cuerpo de Cristo,
sálvame
Me refiero a tu cuerpo viviente y humano, gestado por el Espíritu
en las entrañas de María, amamantado a sus pechos, crecido y curtido en el
taller de José. Enrolado, de niño y de joven, en juegos, caminatas y debates,
en la sinagoga y en el templo. Metido entre la gente, israelita cabal, hijo del
carpintero. Y luego sudoroso en los caminos de Galilea y de Judea, sin cabezal
para el descanso, dormido sobre la barca, profeta erguido y entrañable, Hijo
del hombre.
Me acojo a ese cuerpo mortal de cordero inocente, llevado al
sacrificio, abofeteado, sangrante y escarnecido. Colgado después de tres
clavos, traspasado por la lanza, muerto y silencioso, grano de trigo en el
sepulcro. Te adoro, cuerpo resucitado y glorioso de mi único Señor, vivo para
siempre, blanco cordero celestial, vencedor de tu muerte y de la mía. Y, ¿cómo
no?, cuerpo eucarístico de Jesús, pan vivo bajado del cielo, manjar de
resurrección para mi carne ciega y mortal, proclive a los siete pecados.
¡Sálvame, cuerpo místico de Cristo, cabeza de la Iglesia, de la que soy miembro
agradecido!
Sangre de Cristo,
embriágame
De nuevo al mirarte, Señor, vuelve a
mis labios la referencia eucarística, fundamental para nuestra condición
terrestre, memorial de tu pasión, anticipo del banquete celestial. "Ya no
beberé", nos dijiste, "del fruto de la vid hasta el día en que lo
beba nuevo en el Reino de mi Padre". Lo de la embriaguez, ya se sabe, no
es de tu sangre física, sino de tu vino eucarístico. "Qué breve inmensidad
la del instante en que riega tu sangre mi organismo!", escribí en un verso
de juventud. No sé si es pedirte mucho que me eduques el paladar del alma, el
sabor y el gusto interior de las cosas santas; "la sobria embriaguez del
Espíritu" de aquel himno litúrgico latino. "Loca del Sacramento"
llamaban en vida a Santa Micaela. A los apóstoles los quisieron detener por
borrachos el día de Pentecostés. ¡Embriagarse de Dios, romper los linderos de
la clase media espiritual, vivir sin vivir en mí!
Agua del costado de
Cristo, lávame
¡Qué contraste, Maestro, entre tu
santa humanidad, presta ya para resucitar, y nuestra existencia arrastrada y
polvorienta, siempre a la espera de un baño de gracia! Nos has lavado, Señor,
con tu sangre. Dame la blanca túnica de los que acompañan al Cordero en los
prados celestes. Bendita la fuente bautismal, bendita el agua lustral del
sacramento del perdón. Limpieza corporal, Dios mío, tan grata y relajante, que
nos hace respetarnos a nosotros mismos y valorar a los demás. Pureza de
corazón, claridad de intenciones, veracidad en las palabras, transparencia en
la conducta. Milagro del agua de tu costado.
Pasión de Cristo,
confórtame
No es la lógica la que aquí manda, sino el corazón. Tu Pasión
incluye todo lo dicho y parte de lo que falta. Esta palabra bendita nos lo dice
todo a tus discípulos. Tu sagrada pasión discurre de Ramos a Gloria, del
Cenáculo al Calvario. Abarca la agonía del huerto, la bofetada ante Anás, la
corona de espinas, la humillación con Barrabás, la calle de la Amargura, las
siete palabras, las cinco llagas. Este, Señor, es tu cáliz, el de la pregunta a
los del Zebedeo y a nosotros: ¿Sois capaces de beberlo?
Ahí me duele, Señor. Tu pasión no es una leyenda aurea; es una
experiencia insondable, una fuente de salvación, una cátedra de sabiduría.
"Yo no quiero saber de otra cosa, nos diría tu apóstol Pablo, sino de
Jesucristo y de éste crucificado". A Felipe II mientras le rajaba la
pierna el cirujano, le leían páginas de tu pasión. (Pasión significa dos cosas:
amor extremado y sufrimiento total). De ella sacaron amor las vírgenes cristianas,
arrojo los mártires, fuego los apóstoles, lucidez los doctores, esperanza los
oprimidos. Anda, Señor, confórtame.
¡Oh buen Jesús, óyeme!
Tampoco esto viene muy a cuento, en una letanía de peticiones concretas.
Tendría yo que decirte como tú al Padre: ¡Sé que siempre me oyes! Pero es que
estoy pidiéndote santidad, salvación, pureza de alma, experiencia de tí,
fortaleza en mis cruces. Me asalta, perdón, la duda de si no me estás oyendo
tú, o yo te estoy pidiendo demasiado. Es un decir, Señor. Lo que pasa es que,
entre nosotros los hombres, yo el primero, ocurre a menudo que no le echas
cuentas al que se desahoga contigo, al que espera tu escucha de sus cuitas.
Sigo, pues, mi letanía, tras este descansillo afectivo, y perdona
mi atrevimiento en lo que paso a decirte.
Dentro de tus llagas,
escóndeme
Esto le iría a San Francisco o Santa
Teresa. Pero, ¿a mí? Ha habido contemplativos en la Iglesia que, por gracia
singular, han llevado en sus manos, en sus pies y en su costado los estigmas de
tus llagas. Jesús, yo no pido tanto, pero sí que me escondas místicamente en
tus llagas sacrosantas, que es decir en lo más íntimo de tu ser divino. No
pretendo ser el único, ¡hasta eso podríamos llegar! Ábrenos tus cinco ventanas,
hoy de luz y de gloria, al montón infinito de cristianos que buscamos tu
rostro. Señor, tú sabes que te amo.
No permitas que me aparte de ti
Pero, ¿cómo puedo, Cristo mío, cantar victoria? ¿Acaso estamos ya
en las Bodas eternas, en la casa del Padre, en la mansión de la luz y de la
paz? No, por cierto y por desgracia. Aunque tú hicieras realidad conmigo la
metáfora inefable de esconderme en tus llagas benditas, todavía en esta carne
de pecado, tú no te fíes ni un pelo del uso y abuso insensato que yo puedo
hacer de mi albedrío.
Igual os pediría a ti y a tu Padre la herencia que me tenéis
asignada, para quemarla luego a mis anchas por el mundo. No soy de pasta
distinta que la de los apóstatas, adúlteros, o simples cabezas locas que en el
mundo han sido. Por eso, Señor, al igual que el Jueves Santo conserva el
sacerdote, colgada a su cuello, la llave preciosa del monumento, haz tú eso
mismo con las llaves de tus cinco llagas para que, una vez dentro, no sienta yo
jamás el arrebato de escaparme. Tú ya nos conoces. No permitas, entonces, que
me aparte de ti.
Del maligno enemigo
defiéndeme
Es que, Señor, vivimos en zozobra. Recibimos y paladeamos tus
dádivas exquisitas, al tiempo que ejercen sobre nosotros una presión constante
y abrumadora el mundo, el demonio y la carne. Son las fuerzas del mal, el
misterio de iniquidad, o el aguijón del pecado que se clavaba en las carnes de
San Pablo. Las cosas son así y nosotros, según confesaba el mismo apóstol,
"no estamos guerreando únicamente contra la sangre y la carne, sino contra
los principados, potestades y dominaciones de este mundo tenebroso, contra los
espíritus malos de los aires".
Conozco, cómo no?, la sonrisa de superioridad de algunos ante esas
supuestas mitologías, una actitud que a todos nos tienta un poco. Pero, ¿quién
que esté empeñado cada día en el combate cristiano no experimenta, de sobra,
todo eso y mucho más? Tú, Señor, derrotaste al maligno en el desierto de Judá.
En la hora de mi muerte
llámame, y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe por los siglos de
los siglos
se me desatan al final, Jesús bendito,
la lengua y el corazón, implorando de ti sin rodeos la suerte buena de una
buena muerte. Toma tú entonces, amigo mío, la iniciativa final de llevarme a ti
en el momento más solemne de mi destino. Hazme pasar, entonces y para siempre,
del reino de la queja al de la alabanza. Eso es lo que quiero yo, quizá con
solapado egoísmo: cantar eternamente tus alabanzas, aunque ello no supusiera
para mi la plenitud eterna de la dicha. Resulta, empero, que por eso mismo lo
es. Vocación, pues, eterna la mía de músico y de cantor. ¡Afina tú el
instrumento, Señor soberano! Amén.
jueves, 9 de febrero de 2012
EL SACRIFICIO DE LA MISA
Cap. 9. Prolegómeno de los cánones siguientes
Mas, porque contra esta antigua fe, fundada en el sacrosanto Evangelio, en las tradiciones de los Apóstoles y en la doctrina de los Santos Padres, se han diseminado en este tiempo muchos errores, y muchas cosas por muchos se enseñan y disputan, el sacrosanto Concilio, después de muchas y graves deliberaciones habidas maduramente sobre estas materias, por unánime consentimiento de todos los Padres, determinó condenar y eliminar de la santa Iglesia, por medio de los cánones que siguen, cuanto se opone a esta fe purísima y sagrada doctrina.
Cánones sobre el santísimo sacrificio de la misa
Can. 1. Si alguno dijere que en el sacrificio de la misa no se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, o que el ofrecerlo no es otra cosa que dársenos a comer Cristo, sea anatema [cfr. 938].
Can. 2. Si alguno dijere que con las palabras: Haced esto en memoria mía [Lc 22, 19; 1 Co 11, 24], Cristo no instituyó sacerdotes a sus Apóstoles, o que no les ordenó que ellos y los otros sacerdotes ofrecieran su cuerpo y su sangre, sea anatema [cfr. 938].
Can. 3. Si alguno dijere que el sacrificio de la misa sólo es de alabanza y de acción de gracias, o mera conmemoración del sacrificio cumplido en la cruz, pero no propiciatorio; o que sólo aprovecha al que lo recibe; y que no debe ser ofrecido por los vivos y los difuntos, por los pecados, penas, satisfacciones y otras necesidades, sea anatema [cfr. 940].
Can. 4. Si alguno dijere que por el sacrificio de la misa se infiere una blasfemia al santísimo sacrificio de Cristo cumplido en la cruz, o que éste sufre menoscabo por aquél, sea anatema [cfr. 940].
Can. 5. Si alguno dijere ser una impostura que las misas se celebren en honor de los santos y para obtener su intervención delante de Dios, como es intención de la Iglesia, sea anatema [cfr. 941].
Can. 6. Si alguno dijere que el canon de la misa contiene error y que, por tanto, debe ser abrogado, sea anatema [cfr. 942].
Can. 7. Si alguno dijere que las ceremonias, vestiduras y signos externos de que usa la Iglesia Católica son más bien provocaciones a la impiedad que no oficios de piedad, sea anatema [cfr. 943].
Can. 8. Si alguno dijere que las misas en que sólo el sacerdote comulga sacramentalmente son ilícitas y deben ser abolidas, sea anatema [cfr. 944].
Can. 9. Si alguno dijere que el rito de la Iglesia Romana por el que parte del canon y las palabras de la consagración se pronuncian en voz baja, debe ser condenado; o que sólo debe celebrarse la misa en lengua vulgar, o que no debe mezclarse agua con el vino en el cáliz que ha de ofrecerse, por razón de ser contra la institución de Cristo, sea anatema [cfr. 943 y 945 s].
EL TEXTO FUE EXTRAIDO DE:
EL
MISTERIO DE LA EUCARISTÍA
P.
JESÚS CASTELLANO CERVERA, OCD
(Edicep, Valencia, 2004)
Es un verdadero tratado sobre la Eucaristía y la Santa Misa. Para seguir leyéndolo entra a la página a través del link abajo.
Sugerencia: Podrás ubicarlo dentro de tus favoristos y leer una partecita cada día, como lees tus libros y revistas diariamente.
Entra aquí: EL MISTERIO DE LA EUCARISTÍA
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